La
historia del sacrificio humano en Japón está muy ligada a la de los 47
Ronin, la obra literaria medieval más importante de ese país. De
acuerdo con el relato, los señores feudales (daimios) Asano y Kira se
encontraban en la corte, entonces surgió una discusión, Kira insultó a
Asano y éste desenvainó su espada y lo hirió. Dado que estaba prohibido
desenfundar armas en la corte imperial, Asano fue condenado a cometer
seppuku (el coloquial harakiri), con lo que 47 samuráis, de los cuales
él era su daimio, se convirtieron en ronin o samuráis que carecían de
un señor a cuyo servicio entregarse. Los 47 ronin decidieron vengar a
su amo y, tras un año de planeación, cierta noche se introdujeron en la
mansión de Kira, exigiéndole que él también llevara a cabo el seppuku
con la misma arma que Asano había usado. Dado que Kira se negó, le
cortaron la cabeza y la colocaron sobre la tumba de su señor, en el
templo de Sengakuji. Por este acto los 47 ronin fueron condenados por
el Shogun (máximo líder de los samuráis) a realizarse el seppuku como
forma de restablecer su honor (era un grave delito asesinar a un
daimio) y fueron enterrados en el mismo templo frente a la tumba de su
amo.
Así surgió uno de los rituales más famosos de Japón: el seppuku o harakiri
(este último término, en español 'cortadura de vientre', no se usa
comúnmente porque es considerado vulgar y grotesco en la cultura
japonesa), se trata de un suicidio ritual practicado entre los
samuráis, para quienes perder la vida por su propia mano era una forma
de morir con honor, rechazando cualquier tipo de muerte natural. De
acuerdo con el profesor Saburo Sugiyama, de la Escuela de Estudios
Culturales de la Aichi Prefeetural University, en Japón, estos
personajes se quitaban la vida antes de deshonrarse por un delito o
falta.
Ritual único
El seppuku
constituía una parte muy importante del bushido, es decir, el código
inquebrantable de los guerreros samuráis. Por lo general el suicidio se
llevaba a cabo de forma voluntaria para evitar caer en manos del
enemigo o expiar una falta al código de honor, o de manera obligatoria,
por mandato de un Shogun o tribunal en caso de que un samurái cometiera
un delito de asesinato, robo o corrupción. En este último caso, se
comunicaba al guerrero un plazo para realizar el acto, y si no lo
cumplía se procedía a decapitarlo.
La ceremonia del seppuku era
un ritual solemne. Antes de quitarse la vida, el samurái bebía sake y
le era recitado un poema de despedida llamado zeppitsu. Después, el
hombre se colocaba de rodillas, tomaba con sus dos manos una espada
corta llamada wakizashi -la sostenía usando un paño para no salpicarse,
ya que morir con las manos manchadas de sangre constituía una deshonra-
y la hundía en el lazo izquierdo del vientre, continuaba con el corte
hasta du lado derecho, regresaba al centro y giraba el arma para
ascender en la trayectoria del corte, hasta el esternón. De esta manera
rasgaba la mayoría de las vísceras, por lo que la muerte era inminente.
Las esposas de los samurai llevaban a cabo su propio ritual de muerte
Mientras
el guerrero efectuaba el seppuku, un compañero, denominado kaishaku
(término entendido como caballero que auxilia al samurái, más que
verdugo), se mantenía a su lado de pie, y si lo veía sufrir demasiado,
le cortaba la cabeza. El harakiri del samurái era acompañado por la
muerte de su esposa en un ritual llamado Jigai. La ceremonia era
similar, con la diferencia de que el corte se realizaba en el cuello
-para abrir la arteria carótida- con una daga de doble filo llamada
kwaiken. Previamente, la mujer debía atarse con una cuerda los
tobillos, para no tener la deshonra de morir con las piernas abiertas
al caer.
Al pie del templo
Otro
de los sacrificios humanos realizados en esta cultura fue el
hitobashira o pilar humano, que consistía en ser enterrado vivo debajo
o cerca de edificios de gran escala como diques, puentes y castillos,
para pedir a los dioses que la construcción no sea destruida por
inundaciones o ataques enemigos. El ritual empezó con los sacrificios
humanos durante la construcción de los kofún o tumbas aristocráticas, y
han quedado tradiciones de ello en varias regiones de Japón.
Actualmente no se practica, pero se les llama hitobashira a los obreros
que trabajan en condiciones inhumanas.
El seppuku como castigo
judicial fue oficialmente prohibido en Japón en 1873 con la reformación
Meiji. Aunque su práctica no terminó del todo. Se han documentado
docenas de casos de personas que han realizado auto-sacrificios
voluntarios desde entonces, incluyendo varios militares en 1895 como
protesta por la devolución de un territorio conquistado a China; el del
general Maresuke Nogi (educador del emperador Hirohito) y su esposa a
la muerte del Emperador Meiji en 1912, y el de muchos soldados y
civiles que prefirieron morir antes que aceptar la rendición en la
Segunda Guerra Mundial.
En
1970, el famoso escritor Yukio Mishima y uno de sus seguidores
realizaron un seppuku público tras un intento fracasado de incitar al
ejército a realizar un golpe de Estado. Mishima realizó su suicidio en
el despacho del general Kanetoshi Mashita. Su kaishaku, un hombre de 25
años llamado Masakatsu Monta, trató tres veces de decapitarlo sin
éxito. Finalmente, fue Hiroyasu Koga quien realizó la decapitación.
Posteriormente, Monta intentó realizar su propio harakiri. Aunque sus
cortes fueron demasiado poco profundos como para ser fatales, hizo una
señal a Koga, quien lo asistió, para que también lo decapitara.
Uno
de los rituales más recientes de los que se tiene registro ocurrió en
1999, cuando Masaharu Nonaka, un empleado de la empresa Bridgestone en
Japón, se acuchilló el abdomen para protestar por su jubilación
obligada a los 58 años de edad. Murió más tarde en un hospital a causa
de las heridas de su vientre.
Los Kamikazes
Eran
pilotos que realizaban misiones suicidas, es decir, sin la esperanza de
salvar la vida durante la misión. Utilizaban sus aviones a modo de
proyectil para causar el mayor daño posible al enemigo.
Estos
aviadores surgieron en el ejército japonés durante la Segunda Guerra
Mundial para los buques estadounidenses estacionados en aguas del
Pacífico Sur. La idea de utilizar a estos militares como bombas humanas
tiene su origen en el almirante Takijiro Onishi en octubre de 1944,
ante la evidente inefectividad la Marina japonesa contra la
superioridad tecnológica de Estados Unidos. En total 34 barcos fueron
hundidos y 288 dañados por los pilotos kamikaze (que sumaban unos 4.000
entre los Servicios Aéreos Naval y del Ejército).