El Chanoyu siempre se ha traducido como "la ceremonia japonesa del té". Sin embargo, la traducción más correcta sería "el agua caliente para el té".
Generalidades
La
ceremonia del té, que en japonés recibe el nombre de chanoyu, es una
costumbre social y estética característica del Japón, en la que se
sirve y se bebe el matcha (té verde en polvo).
De acuerdo con
las fuentes históricas documentadas, el té fue introducido en el Japón
alrededor del siglo VIII, procedente de China, donde esta infusión se
consumía desde el período de la dinastía Han oriental (años 25-220 de
la Era Cristiana). El matcha, tal como se consume hoy en día, era aún
desconocido por entonces. Su aparición no se produjo hasta finales del
siglo XII, época en que fue importado de China, país entonces gobernado
por la dinastía Sung. En aquellos tiempos, el té era una especia muy
apreciada; se utilizaba sobre todo como bebida y se le atribuían
también propiedades medicinales.
La llamada Jo-an, casa de té construida en 1618 por Oda Uraku, uno de los discípulos de Sen-no Rikyu.
La
costumbre de beber matcha se extendió entre sacerdotes Zen y las clases
dominantes. A partir del siglo XIV, el matcha se utilizó también en un
juego que recibía el nombre de tocha. Se jugaba en las fiestas y
consistía en servir a los invitados varios tipos distintos de té,
procedentes de diversas regiones. Los jugadores entonces tenían
que adivinar cuál de ellos era el que había sido cultivado en una
determinada zona, famosa por la calidad de su té. Los que
conseguían acertar recibían premios. A medida que aumentó la
popularidad de este pasatiempo las plantaciones de té comenzaron a
extenderse, sobre todo en el distrito de Uji, cerca de Kyoto, en donde
aún se produce el mejor té de Japón.
El juego de tocha se
transformó poco a poco en una costumbre social más tranquila que
practicaban las clases elevadas. Dejaron de repartirse premios y el
objetivo de la ceremonia pasó a ser la creación de una atmósfera
especial, en la que los participantes saboreaban el té al tiempo que
admiraban pinturas y otras obras de arte chinas, que se exhibían en un
shoin (estudio). Al mismo tiempo y debido a la influencia de los
hábitos y formas rituales de los samurai (guerreros), que eran entonces
la clase dominante en el Japón, aparecieron ciertas reglas y
procedimientos que los participantes en la ceremonia del té tenían que
obedecer. Así se sentaron las bases del chanoyu actual.
Hacia finales del siglo XV, un hombre del pueblo llamado Murata Juko,
conocedor del arte del chanoyu practicado por las clases altas, propuso
otro tipo de ceremonia del té, más tarde llamada wabicha, relacionada
directamente con la sensibilidad japonesa y con el budismo Zen. Durante
el período Momoyama, en la segunda mitad del siglo XVI, Sen-no Rikyu
estableció de modo definitivo el wabicha como la forma generalizada del
chanoyu y se practica así en la actualidad. Esta es, en líneas
generales, la evolución del chanoyu, que no es simplemente una forma
refinada de tomar el té. Su propósito y su esencia son difíciles de
expresar con palabras. Nos será útil recordar que esta ceremonia se
desarrolló bajo la influencia del budismo Zen cuya finalidad, expresada
en pocas palabras, es purificar el alma, mediante su unión con la
naturaleza. Por otro lado, el chanoyu es el símbolo del esfuerzo
instintivo de los japoneses por conseguir el reconocimiento de la
verdadera belleza, que reside en la sencillez y la simplicidad. El
auténtico espíritu del chanoyu podría quizá definirse con términos
tales como calma, naturalidad o gracia o con la frase: "esteticismo de austera simplicidad y refinada pobreza".
Así por ejemplo, las estrictas normas de etiqueta del chanoyu, que
parecen complicadas y difíciles a primera vista, están calculadas de
hecho para conseguir la mayor economía posible de movimientos y son un
regalo para la vista del iniciado, sobre todo cuando el que las lleva a
cabo es un maestro experimentado. La costumbre del chanoyu ha
desempeñado un papel importante en la vida artística de los japoneses
ya que, por sus características estéticas, implica la apreciación del
recinto en que se celebra, del jardín adyacente al mismo, de los
utensilios con que se prepara y se sirve el té y de la decoración, que
consiste por lo general en una estampa colgada de la pared y un chabana
o motivo floral especialmente concebido para esta ceremonia. El
desarrollo de la arquitectura, la jardinería, la cerámica y las artes
florales ha obedecido en gran medida a la influencia de la ceremonia
del té. El espíritu del chanoyu, que representa la belleza de la
simplicidad estudiada y de la armonía con la naturaleza, ha moldeado la
base de estas formas tradicionales de la cultura japonesa.
Es
más, el desarrollo de las formas de cortesía cotidiana de la mayoría de
los japoneses obedece sobre todo a los formalismos que se observan en
la ceremonia del chanoyu. En consonancia con este hecho, es práctica
común entre jóvenes el recibir lecciones en este arte antes de casarse,
con el fin de cultivar el estilo refinado y la gracia de movimientos
propios del mismo.
Al morir Sen-no Rikyu, sus enseñanzas se
difundieron entre las siguientes generaciones de discípulos y
seguidores. En la época de sus nietos, existían ya las tres escuelas
que han perdurado hasta nuestros días: la Omotesenke, la Urasenke y la
Mushakojisenke. La más extendida de ellas, no obstante, es la Urasenke,
que es la que cuenta con más partidarios. Esta escuela tiene como
cabeza visible en la actualidad a Soshitsu Sen, decimoquinto
descendiente del fundador.Los herederos de Rikyu fundaron a su vez
diversas escuelas, entre las que cabe citar la Enshu, creada por Kobori
Enshu; la Sekishu, cuyo fundador fue Katagiri Sekishu; y la Sohen, obra de Yamada Sohen.
Las diferencias entre las diversas escuelas residen en los detalles de
las ceremonias, pero todas ellas conservan la esencia y el espíritu de
las normas instituidas por el maestro. Dicha esencia se ha transmitido
de padres a hijos hasta hoy y uno de los elementos comunes es el
respeto a la figura del fundador.
Más allá de una u otra
expresión, lo importante es descubrir la filosofía de vida que existe
en la preparación de una taza de té.
Principios Fundamentales
Existen cuatro (4) principios fundamentales que rigen esta ceremonia: WA, KEI, SEI y JAKU.
Ellos se traducen como armonía, respeto, pureza y tranquilidad. Aunque
parezcan cuatro elementos muy sencillos se requiere de mucho tiempo y
práctica para comprenderlos y adquirirlos en su totalidad. WA
(Armonía) Es el fin último al que aspiran los seres humanos. Trasladado
a la ceremonia del té, se refiere a establecer una buena interacción
entre el invitado y el anfitrión. KEI (Respeto) Es la
habilidad para aceptar a los otros, y entenderlos. Supone la salida de
uno mismo para ser amable con el otro, más allá de las discrepancias.
En la ceremonia el anfitrión piensa como pensará el invitado, y
viceversa. SEI (Pureza) Es la esencia de toda la ceremonia.
Supone el hábito de tratar a los demás y a sí mismo con un corazón
abierto y puro. Sólo con un corazón puro pueden comprenderse los
principios de armonía y respeto. JAKU (Tranquilidad) Es el
nivel más alto que se puede alcanzar. A él sólo llegan los grandes
maestros. Se trata de alcanzar el fin, pero y también de volver al
inicio. Aquí el gran maestro integra todos los principios y vuelve a
empezar una y otra vez esta ceremonia. Es aquí donde se alcanza el
mayor grado de desinterés, ya no se busca el reconocimiento personal y
se comprenden las infinitas posibilidades que ofrece la vida. El
corazón del anfitrión no deslumbra por ser vistoso, sino por ser
sumamente natural.
El origen del té
En definitiva, el té no es un gusto solitario. Al contrario, el mayor placer se alcanza al compartirlo con otros.
Si
empezáramos a mencionar inventos que surgieron por casualidad,
seguramente la lista sería demasiado extensa. Pero uno de los casos más
famosos y célebres, es precisamente el del té. Según cuenta la
tradición, esta bebida surgió en el año 2737 a.C., cuando un emperador
chino, Shen Nong, había ordenado que, por precaución, se hirviera toda
el agua que se consumía.
Un día uno de sus sirvientes cortaron
hojas de un arbusto y las pusieron a hervir junto con el agua. Otra
versión dice que las hojas cayeron accidentalmente en el agua. Lo
cierto es que los sirvientes del emperador comenzaron a ver que el
líquido se tornaba de un color castaño. Sin saberlo estaban inventando el té.
Luego
de tomar unas cuantas tazas de esa apetitosa bebida, el emperador
decidió que debía extenderse su consumo por toda la China. Y como, desde entonces, el té no conoce de fronteras se comenzó a expandir por otras regiones.
Las
primeras semillas de té que llegaron a Japón, lo hicieron de la mano de
los misioneros del budismo Zen, en especial a través del sacerdote
Yeisei, a quien se lo conoce como "el Padre del Té". De allí viene la
sociación entre el té y el Budismo Zen.
Rápidamente se extendió
por todo Japón y fue muy bien recibido por toda la sociedad. Hubo
principalmente tres sacerdotes zenes que favorecieron el desarrollo del
té, sin separarlo nunca de su aspecto religioso, ellos fueron: Ikkyu,
Murata Shuko y Rikkyu. Este último es hoy día el más reconocido, ya que
además de establecer las normas para realizar la ceremonia del té,
logró que en las guerras, antes de salir al campo de batalla, se
hiciera un alto para tomar el té, como símbolo de encuentro religioso. Rikkyu
dejó asentado que para la preparación de un buen té es necesario
cumplimentar una serie de normas, que conforman toda una ceremonia
conocida como "Cha-no -yu".
Y aunque esta ceremonia parezca
sencilla, una vez aprendidas todas las normas, requiere de años de
entrenamiento y práctica en este arte, para lograr un excelente
resultado final. Un rito que ofrecía refinamiento a los samurais y era símbolo de riqueza para los comerciantes.